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Blog personal de Pedro A. Jerez Palomo, maestro escuela & @IdiomasSiurot academic coordinator en @ColegioMSiurot. Tengo ideas y amenazo con escribirlas. Contactar  : pedro@manuelsiurot.es

¡Vaya plan!

Nota mental: Un madrugón de WhatsApp me devuelve a un espacio que me es familiar. El culpable, un viejo amigo de café solo de muchas tardes o cerveza con o sin ‘Victoria’ en ‘El Carpintero’. La secuencia de hechos se sucede con imparable lógica: Abrir agenda para añadir recordatoria: “Escribir artículo para @Revista_Cofrade sobre cómo implantar un plan de marca en una cofradía”. ¿Observaciones?: “@fjcristofol”. Demasiado quizás para un lunes de resaca y recuerdos compartidos.

Reconociéndome fruto de la connivencia entre el ser & estar y el mayor de los intrusismos, sirvan estas líneas para dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo implantar un plan de comunicación en una cofradía? Posiblemente sean muchos los agentes potenciadores capaces de dar repuesta a la misma. Pero como en otras muchas cuestiones de Iglesia, creo que el papa Francisco ha vuelto a dar en el clavo: “Una cosa es estar conectados y otra es estar comunicado”.

El ser humano es un ser social con necesidad de comunicarse. Es por tanto la comunicación, un factor fundamental a la hora de generar comunidad. Las cofradías como agentes evangelizadores e instituciones aglutinadoras de múltiples sensibilidades deben contar con un plan a la hora de establecer canales efectivos de interacción.

Los primeros portales web, el uso del correo electrónico o la presencia en redes sociales, fueron en su momento un signo más del grado de adaptabilidad del que siempre han gozado las hermandades y cofradías. Transcurrido el tiempo y con la perspectiva que da el sentirnos habitantes de una realidad en constante evolución, ha llegado el momento de que estas y otras cuestiones sean puestas al amparo de un nivel de introspección algo mayor.

Comunicar requiere de la dosis justa de sacrificio y planificación. De nada sirve disponer de los medios efectivos necesarios, sin la trazabilidad de un proyecto compartido capaz de hacernos visibles ante los diversos escenarios donde las cofradías y las hermandades cohabitan como partes disociadas de un mismo todo.


Efectuar un diagnóstico de la situación inicial en materia de comunicación en la que se encuentra la cofradía, tanto a nivel institucional como de hermandad, debe ser considerado el nivel inicial. Este análisis no pasa sólo por llevar a cabo las métricas pertinentes en cuanto al número de seguidores, posicionamientos en los principales motores de búsqueda o visitas en la web; que también. Como punto de partida, es necesario abarcar todo lo que acontece en torno a las siguientes áreas de influencia: entre la hermandad y sus hermanos; los hermanos entre sí y la cofradía con el exterior. La reputación social, el clima de convivencia o el grado de participación en el día a día de estos colectivos, son aspectos que deben ser contemplados y puestos en valor antes de proseguir a un nivel superior.

Superado este primer escalón y efectuado el diagnóstico pertinente, toca establecer un número finito de objetivos capaces de responder a los siguientes condicionantes por los que los mismos debieran ser medibles, posibles y cuantificables. De nada sirven las buenas intenciones, los sueños imposibles o los impulsos exacerbados. Hay que ser capaces de proporcionar a la cofradía de un ritmo comunicativo tan personal como constante. Marcar una hoja clara de estilo desde la que hacer reconocible a la institución frente a propios y extraños. Cuidar el continente y el contenido. En definitiva, la elaboración de un manual de identidad corporativa bajo la supervisión de un profesional cualificado.

La temporalización viene justo después. Disponer de todos los recursos anteriormente descritos se antoja insuficiente si se carece de la oportuna planificación. Hay que saber cuándo y cómo; dónde y por qué. La línea temporal a desarrollar debe trabajarse de manera colegiada entre todas las realidades   y áreas que integran la hermandad siendo conocida, compartida y consensuada. La celeridad propia de una actividad altruista no profesional que aspira por momentos a serlo, demanda de un ‘timing’ comunicativo capaz de dotar al plan del grado de perdurabilidad deseable.

Llegado el momento toca sumar adeptos a la causa. En este sentido cabría apostar por un modelo de equipo mixto de comunicación. Hermanos de la cofradía con o sin responsabilidad de gobierno con formación cierta o infusa capaz de llevar a cabo con responsabilidad, compromiso y lealtad manifiesta el plan prefijado. Y, por otra parte, profesionales del sector en sus múltiples vertientes que de manera y forma remunerada puedan sumarse. Y es que sí, las cofradías deben sumar a sus presupuestos anuales de una partida concreta para el área de comunicación. La cuestión de contar o no con un vocal/responsable de comunicación en sus equipos de gobierno me parece tan capital que no requiere de especial mención en esta suerte de estudio.

Por último, deberemos contar con los indicadores capaces de evaluar todo el proceso. Un proceso que debe contar con la capacidad necesaria para reinventarse y actualizarse a demanda. De disponer de métodos fiables de evaluación, tanto colectivos como individuales para garantizar su perdurabilidad. En definitiva, de ser agente transformador desde el que aspirar a la tan denostada y olvidada transparencia del colectivo.

Artículo publicado en el nº 1 de ‘La Revista Cofrade’.

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