¡Manos a la obra!

Estimados alumnos, compañeros y familiares:

 

Debo confesar que no sé muy bien por dónde empezar. Y es que ya empiezo a estar cansado de tirarme piedras contra mi propio tejado. Demasiadas semanas escudriñando cada noticia referente a cómo, cuándo y dónde volveremos a retomar lo que un día nos vimos obligados a dejar en suspenso. La cuenta atrás se acelera y ya no guardo fortaleza mental para seguir reivindicando una vuelta segura a las aulas. La incertidumbre y el miedo no son buenos compañeros de viaje y siento la necesidad de ponerme manos a la obra.

 

A lo largo de estos últimos meses la comunidad educativa ha llamado a la puerta de las instituciones para hallar la respuesta conjunta a una situación que nos supera a todos. A pesar de que muchas han sido las voces que han solicitado aportar ciertos cambios a lo que había venido siendo el modelo educativo español, nunca vi un grado de incomunicación mayor. Y es que la Covid-19 nos ha arrebatado demasiadas cosas pero hay muchas otras que han permanecido inamovibles. Demasiadas trincheras sin un denominador común. Cada cual haciendo la guerra por su cuenta y en el centro de la diana millones de escolares y familias debatiéndose entre el miedo y la indignación. 

 

Las cartas están sobre la mesa. Los centros escolares deberán abrir en apenas unas semanas. Ahora me pregunto si el escenario en el que nos movemos es muy diferente al del mes de mayo o junio. Posiblemente no. Sin embargo, la asumida conciliación familiar y la necesidad de otorgar cierto grado de normalidad a una sociedad azotada gravemente por la crisis, son motivos suficientes como para dejar a su suerte a alumnos, docentes y familias. No llego a comprender cómo hemos podido derrochar tanto tiempo desde el pasado mes de marzo. Resulta imperdonable que a estas altura de la película sigamos improvisando medidas a golpe de titular expansivo que nos mantiene sumidos en una montaña rusa de sentimientos.

 

Cuando el timbre vuelva a sonar estaremos preparados. La comunidad educativa volverá a demostrar su capacidad de adaptación y sentido de la responsabilidad. No será fácil. Los contagios habrán de producirse. Las mascarillas se normalizarán y el sentido común le ganará la partida a una sociedad que nunca ha sabido poner a la Educación en el lugar que le corresponde. Los maestros seguiremos teniendo muchas vacaciones. Las madres cuanto más lejos mejor. ¿Y el inspector? En frente; siempre. Ese es nuestro sino. Aunque les confieso que aún me siguen quedando fuerzas para seguir dibujando nuevos “Paisajes Educativos”. ¿Alguien se apunta?

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