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Blog personal de Pedro A. Jerez Palomo, maestro escuela & @IdiomasSiurot academic coordinator en @ColegioMSiurot. Tengo ideas y amenazo con escribirlas. Contactar  : pedro@manuelsiurot.es

En el ‘punto de fuga’

Introducción al tema de estudio

El punto de fuga es el lugar en el que convergen dos o más líneas paralelas (reales o imaginarias) hacia el infinito en una imagen. Por ejemplo, imagina las líneas que generan los bordes de una carretera y su proyección hacia el infinito; hacia el fondo de la imagen. El lugar donde esas líneas se cruzan de forma literal o imaginaria es lo que conocemos como punto de fuga.

Los puntos de fuga son un elemento visual y compositivo con mucha fuerza visual. A través de las líneas que convergen [llamadas líneas convergentes] en un punto, sean estas reales [físicas] o imaginarias, la mirada del espectador de la imagen se dirigirá directamente al punto donde estas líneas se cruzan. Es una forma de marcar el camino, a la vez que narras el grado de profundidad que contiene tu imagen.

Sirva el fenómeno óptico anteriormente descrito para analizar muchos de los agentes sociales, culturales, geográficos o políticos que convergen en lo que venimos a denominar ‘religiosidad popular’ y que no es más que la manifestación concreta de cómo los cofrades viven y proyectan como cristianos, su acción apostólica y evangelizadora estableciendo como punto de origen la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Desarrollo y análisis del objeto de estudio

Analizar una realidad que asienta sus bases en la ausencia de evidencias epistemológicas desde las que elaborar una tesis sólida capaz de explicar la supervivencia de nuestras hermandades y cofradías en el seno de una sociedad cada vez más desacralizada, nos obliga a analizar cuáles podrían llegar a ser esas líneas paralelas, reales o imaginarias capaces de converger para dar respuesta a su existencia.

Y es que a pesar del gozoso estado de salud del que éstas disfrutan y del que la Semana Santa como manifestación concreta es fiel reflejo, son muchos los retos que se vislumbran y que les permitirán alcanzar un nivel de adaptabilidad deseable capaz de asegurar su perdurabilidad del modelo.

La primera línea de investigación deberíamos establecerla en la capacidad manifestada por parte del colectivo cofrade a la hora de transmitir el mensaje que les convoca y del que deben hacer partícipe a su grupo de iguales. En la ‘Era de la Información’, también conocida como Era Digital o Era Informática, se corre el riesgo de desvirtualizar el mismo en favor de un alarde de virtuosismo técnico multiplataforma incapaz de cumplir con su verdadera misión. Las cofradías y por ende los cofrades deben sintonizar con los que son sus hermanos.

Ahora que existe Twitter, Facebook o Instagram, ha llegado la hora de seguir comunicándose. Esto último pasa por tener una estrategia clara capaz de hacer su discurso visible y entendible ante los que les observan desde la puerta y los que deciden entrar a través de ella. Una preocupación primaria que no por consabida debe caer en el olvido.

La capacidad de perpetuarse constituye el segundo eslabón o línea de convergencia.  Y es que la única forma de garantizar el futuro pasa por asegurar el presente. Una cuestión que encuentra su razón de ser en las generaciones tempranas que comienzan a manifestar sus primeras inquietudes cofrades en el marco de su formación básica.

Romper la brecha generacional y salvar las barreras jurídicas de un estado aconfesional, constituyen una necesaria empresa en la que invertir los activos suficientes como para no ver frustradas los deseos e intenciones de los que están llamados a ser los cofrades del futuro. Un reto tan antiguo como palpable en el tiempo que compartimos.

El factor cultural y la integración en el tejido social viene después. Las cofradías llevan a cabo su acción en un lugar concreto teniendo que dar respuesta a intereses que transcienden más allá de lo meramente religioso. Es por este motivo que resulta conveniente establecer un marco de cooperación común entre las diferentes realidades que engloba a esta comunidad, con la finalidad de integrarlas y evitar entrar en confrontación.

Las cofradías como entidades sociales deben hacer prevalecer sus valores identitarios sin en ningún caso alcanzar un mínimo grado de aislamiento. La versatilidad de acción a la hora de formar parte de una realidad plural es la mejor forma de transigir con los que quieren ver en éstas un cierto anacronismo. El valor cultural al que dan cabida las hermandades es la mayor refutación para esta última hipótesis.

Porque la cultura es progreso, formación y estimulo laboral. Porque son muchos los oficios que subyacen y encuentran cabida entorno a la manifestación cofradiera de la Pasión. Porque es capaz de ser lenguaje de lo que en ocasiones cuesta llegar a transmitir. Porque embellece y enriquece todo lo que toca.

Qué decir entonces, de su sentido de pertenencia. Las cofradías no deben aspirar a ser el todo o la parte. Las cofradías son iglesia, pueblo peregrino que camina en hermandad para transmitir el mensaje que emana de los evangelios. De nada sirve intentar establecer diferencias. Ahondar en sus raíces es el principal agente aglutinador de dos realidades que nacieron en común unión.

Es tiempo de aunar esfuerzo y sumar realidades. Compartir enseñanzas y propiciar encuentros. Tender la mano y abrazar las diversas oportunidades que puedan llegar a presentarse en el camino. Establecer diferencias genera un riesgo evidente de distorsionar el verdadero sentido que ocupa y preocupa a sendas realidades.

Seguir en la brecha. Si en algo son punta de lanza los cofrades son en tender la mano a quienes más lo necesitan. Con caridad, eficacia y su consabido sentido del anonimato. En tiempo y forma y bajo el paraguas de todo tipo de condición social, religiosa o política. Las casas de hermandad son un fiel reflejo de la pluralidad a la que debe aspirar hoy nuestra sociedad.

Historias personales y de vida afincadas en la discreción de los que comparten la reciprocidad que dictan las circunstancias de cada cual. Porque la crisis nos iguala y lo queramos o no, la vida da muchas vueltas.

Conclusiones

Es justo en este punto donde las diferentes líneas paralelas que sustentan el presente análisis convergen para poner a los cofrades en el ‘punto de fuga’. En tan sólo unos días la ciudad volverá a revestirse de penitencia. Las calles se toparán de bruces con el anonimato. Los incrédulos mirarán a los ojos de la fe que evoca el patrimonio devocional y artístico que salvaguarda las hermandades en su culto diario y que por unas horas se transforma en patrimonio de la humanidad.

Las líneas que aquí se aglutinan no pretende ser una lección estéril exenta de su correspondiente trabajo de campo. Y es que, si algo he podido constatar a lo largo de estos años, es que los cofrades saben muy bien lo que tienen entre manos. Tanto es así que no me gustaría concluir este estudio sin manifestar mi sentido de pertenencia fruto de la confluencia de las diferentes líneas argumentales que centran y dan forma al mismo.

Artículo publicado en ‘La Opinión de Málaga’ el 23 de marzo de 2018, Viernes de Dolores.

Fotografía: Juanma Sánchez

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